Un charlatán en el santoral

La sesión empezó por donde suelen empezar las conversaciones honestas sobre Rulfo: por la dificultad. Varios habían leído el cuento dos y tres veces antes de que la comicidad apareciera. Lo que siguió fue una reconstrucción paciente que terminó dando con la palabra exacta para Anacleto Morones: no un santo, no un perverso, un charlatán.

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